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Aunque es un aspecto fundamental de la fase por la que están atravesando, muchas madres no saben que deben mantener una dieta especial durante la lactancia que les permita suplir la cantidad de leche de la mejor calidad posible que el recién nacido reclama.
La mayoría de los alimentos y sustancias que ingieres mientras lactas son transmitidos al bebé a través de la leche. Ya sabes que no puedes tomar medicamentos –sin consulta médica previa–, tomar alcohol o fumar cigarrillos, porque esas sustancias influyen de una u otra manera en el desarrollo mental y físico del pequeño.
De igual manera hay algunos alimentos que debes evitar –como colas negras, condimentos picantes, brócoli y repollo, entre otros– bien sea porque generan efectos enervantes en el bebé o porque afectan su correcta digestión.
Calorías que demanda la lactante
Los meses de amamantamiento son muy similares a los de la gestación y por eso tu menú diario debe ser completo y nutritivo. Enfócate en comer granos enteros, cereales, frutas frescas, vegetales y comidas que aporten a tu cuerpo un alto contenido de proteínas, hierro y calcio.
Toma en cuenta estas premisas al momento de seleccionar combinaciones de alimentos que te permitan ganar las 500 calorías adicionales que tú, como madre lactante, necesitas y eso se traduce en el consumo de entre 2.300 y 2.700 calorías por día. Debes saber que una madre que no amamanta sólo demanda entre 1.800 y 2.200 calorías por día, es decir 300 calorías menos de las necesarias durante el embarazo.
Para obtener las calorías extras que necesitas en tu calidad de madre lactante, puedes comer dos meriendas diarias que contengan un yogurt, una merengada de frutas con leche descremada o un emparedado de salmón, por ejemplo.
No puedes descuidar lo que comes
Aunque tengas muchas ganas de comer dulces de pastelería y alimentos fritos, por ejemplo, lo mejor es que mientras amamantes a tu bebé, dejes de lado todo lo que pueda afectarlo, además de ciertos alimentos, como cigarrillo, licor, cafeína y cualquier otra toxina susceptible de traspasarse a través de la leche.
Ciertamente hay algunos alimentos que pueden producir alguna reacción desfavorable en tu hijo, aún cuando no sean clasificados como “negativos” para la madre lactante.
¿Cómo sabes cuáles son? Si tu bebé se inquita y llora mucho después de que lo has amamantado, lo más seguro es que estés consumiendo un alimento al cual su organismo, poco desarrollado, es sensible.
Muchas mujeres juran que los condimentos picantes o algunos vegetales “molestan” a sus recién nacidos y aunque esto es cierto la mayoría de las veces, lo recomendable es que apliques la técnica de ensayo y error para determinar qué afecta al bebé.
Ten en cuenta un importante dato: entre los provocadores de cólicos infantiles se encuentran el brócoli, repollo y la leche de vaca. Asimismo es necesario que consumas suficientes líquidos: ocho a 12 vasos de agua diarios es lo recomendable y ésto es porque mientras más líquidos entren a tu organismo, mayor será la producción de la leche que cubrirá los nutrientes que tu bebé necesita.
¡Un kilo por semana estará muy bien!
Seguramente como a todas las mujeres recién dadas a luz, te preocupa recuperar rápidamente la figura que tenías antes de quedar embarazada. Si bien puedes hacer dieta durante la lactancia, es posible que no puedas ir tan aceleradamente en eso de adelgazar.
Tu pérdida de peso puede ser gradual, entre medio y un kilo por semana, a través de una saludable dieta baja en grasas combinada con ejercicio moderado.
La palabra clave en esta etapa de lactancia es “gradual”: la pérdida de peso brusca puede representar riesgos para tu bebé pues durante el proceso tu organismo libera toxinas acumuladas en la grasa corporal y las lleva al torrente sanguíneo, incrementando la cantidad de elementos nocivos que recibe el bebé a través de la leche de mamá.
Amamantar te ayuda a quemar calorías
La lactancia te ayuda a deshacerte de la grasa acumulada en tu cuerpo durante la gestación. Una madre que amamanta quema cerca de 800 calorías más en comparación con otra que no lo hace.
Aún así, no esperes regresar a tu figura de antes en menos de un año. Tampoco pienses en comenzar a perder peso durante las primeras seis semanas de vida de tu bebé: limitar drásticamente lo que comes en este tiempo, sólo reducirá la cantidad de leche que produces.
Ten paciencia, recuerda que una lactancia adecuada establece un importante lazo entre el bebé y tú. Después de haberse roto la primera conexión que los mantuvo unidos –el cordón umbilical–, la etapa de amamantamiento es la extensión del dueto inseparable madre-hijo y ese pequeñín es tu responsabilidad.
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