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No hay, hasta hoy, un estudio serio que haya logrado encontrar un origen biológico a los antojos durante el embarazo. Lo cierto es que son reales y a más de un esposo le ha tocado sacar el carro a la medianoche, para ver en qué lugar del mundo está esa deliciosa torta con nueces que quiere “desesperadamente” la barrigona que lo espera en casa
Quizá, influida por cuentos y anécdotas de amigas o abuelas, toda mujer embarazada siente que dentro de su agenda diaria deben estar presentes los antojos. Pudiéramos decir –especulando– que antojarse de platos insólitos y combinaciones que jamás comería en su estado normal, es una “regla” sine qua non de la gestación de la mayoría de las mujeres.
Cualquier argumento que “inventemos” sería válido para tratar de explicar de dónde vienen los dichosos antojos. Hay quienes aseguran que éstos no son más que caprichos que tienen las mujeres encintas para llamar la atención, mientras otros –médicos, por cierto– defienden las tesis de que o son demandas que obedecen a cambios hormonales o, a través de ellos, el organismo femenino en estado de gestación, se las arregla para hallar extrañas combinaciones de alimentos, ciertas sustancias –vitaminas y minerales– que van a favorecer el desarrollo del proceso.
Lo cierto es que más de una mujer encinta ha comido mango con arroz o pizza bañada en jarabe de caramelo, mientras otras sienten la desesperada “necesidad” de comer rodajas de piña en almíbar, justo cuando dan las 2 y 35 de la madrugada.
No hay pruebas
Si son caprichos, consecuencia de cambios hormonales o urgencia del organismo por algunas vitaminas y minerales que se encuentran en alimentos que ordinariamente no están en el menú diario, nadie ha podido probarlo.
Anteriormente se creía que si la mujer no satisfacía su antojo, el bebé mostraría al nacer una mancha en la piel con la forma del alimento negado. En Venezuela, por ejemplo, aún se oye decir a muchas mujeres embarazadas: “Si no como lo que se me antoja, el bebé nacerá con la boca abierta…”. Estas, por supuesto, no son más que creencias sin ningún tipo de asidero.
¡No descuides tu peso!
A pesar de todas las campañas que circulan alrededor de la idea de que el sobrepeso no sólo es antiestético sino un factor de riesgo para la salud, aún hay un buen número de mujeres que piensan que, mientras estén embarazadas, pueden extralimitarse en lo que comen: total, después de que el bebé nazca ya adelgazarán ¡Nada más falso!
Los médicos coinciden en alertar a aquellas embarazadas demasiado antojadizas, para que se alejen especialmente de dulces y carbohidratos y aseguran que es mejor que coman en pequeñas cantidades a lo largo del día, en vez de enredarse en comilonas que dificultan la digestión y generan un exagerado aumento de kilos.
La mayoría de los especialistas está de acuerdo en que los antojos – así como vómitos y nauseas– se presentan sólo en el primer trimestre de embarazo y no son causa de problemas en el desarrollo de la gestación, siempre que la mujer encinta siga una dieta sana y no deje de ingerir alimentos que la nutren, por otros integrantes de la llamada “comida chatarra”.
No tienes que comer por dos
Ese argumento según el cual puedes comer de todo sin límite porque una vez nacido el bebé te pondrás en forma, es absolutamente equivocado.
Tu dieta, esencialmente, debe contener una buena variedad de alimentos que aporten los nutrientes que tu organismo demanda en este momento, cuando la idea es satisfacer las necesidades de crecimiento del feto y las que implican los cambios que sufre tu cuerpo de gestante.
Sigue estos consejos y tendrás un embarazo feliz:
• Dado que tu metabolismo se acelera durante el embarazo, es lógico que sientas la necesidad de comer un poco más y en este punto es que debes tener cuidado pues tus requerimientos energéticos no aumentan lo suficiente como para que la exigencia de calorías sea desproporcionada.
• Durante las primeras semanas de embarazo debes consumir las calorías necesarias en condiciones normales. Es decir, comer como lo hacías antes de quedar embarazada, suponiendo que en ese tiempo llevaras una dieta balanceada con todos los grupos de alimentos.
• En los primeros meses los requerimientos nutricionales del feto no son considerables.
• Los últimos meses (del sexto en adelante) son “especiales” –por decirlo de alguna manera– porque el feto se involucra en un crecimiento acelerado y comienza a hacer su propio abastecimiento de nutrientes por lo que debes consumir 300 calorías más por día.
• Este aumento de calorías no debes hacerlo de modo indiscriminado. Tu médico te dirá cómo debes adecuar tu dieta para atender las demandas fetales sin excesos.
• Una vez hayas superado las 20 semanas de gestación, puedes ingerir pequeños y frecuentes refrigerios nutritivos durante el día pues tu organismo tolera mejor comidas en pequeñas porciones que platos demasiado abundantes tres veces al día.
• Evita alimentos cremosos, muy aliñados o grasosos.
• Comer en exceso te haría mucho daño pues el paso de los alimentos a través del intestino se vuelve más lento mientras transcurre el embarazo, por lo que podrías presentar estreñimiento. Además tu bebé ejerce presión en tu estómago, razón por la cual las evacuaciones se hacen más difíciles.
• El mejor consejo que podemos darte para garantizar tu bienestar y el del bebé que esperas, es que consumas muchas frutas, verduras, harinas integrales y tomes agua en cantidades: ¡toda la que quieras!
• Es mejor que te olvides de la crema chantilly sobre un delicioso pastelito de pollo o del helado de níspero con galletas rellenas de chocolate. Tu organismo estará muy agradecido si ignoras estas “sofisticadas” combinaciones gastronómicas y tu esposo también lo estará: ¡Eso es seguro!
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