Madrastras y padrastros: ¿Los brujos del cuento?
 
 
Por Alejandra V. Leon

A las palabras “madrastra” o “padrastro” se les suele dar una connotación negativa y es posible que recordemos en la literatura madrastras terribles como la de Cenicienta. Culturalmente es aceptado “desconfiar” de los cuidados que puede brindar un padrastro y, sin embargo, estos personajes familiares pueden llegar a convertirse en fuentes de apoyo fundamental y afecto para los hijos “ajenos”.

La estructura familiar clásica –papá, mamá e hijos, todos viviendo bajo el mismo techo– se ha visto seriamente comprometida en la actualidad, debido a múltiples factores sociales, económicos y/o espirituales.
El divorcio y la reconstitución de nuevas familias están dando lugar a diversos tipos de relaciones familiares y nuevas pautas de organización. En las ciudades grandes es frecuente observar cómo niños y padres, deben acoplarse a diferentas dinámicas, surgiendo la figura del padrastro o la madrastra como un miembro de importancia principal en la organización familiar.

El acoplamiento: complicada misión
Tradicionalmente es posible que recordemos en la literatura clásica infantil madrastras terribles como la de Cenicienta. Culturalmente es aceptado “desconfiar” de los cuidados que pudiera brindar un padrastro y, sin embargo, estos personajes familiares pueden llegar a convertirse en fuentes de apoyo fundamental y afecto.
Es de esperar que en los momentos iniciales de “reconstitución” familiar se presente algún tipo de fricción en la convivencia entre las nuevas parejas y los hijos, conflictos que pueden estar relacionados con situaciones propias de la cotidianidad como costumbres, formas de resolver los problemas, adecuación a las normas, etc., y, en consecuencia, cierta tensión entre los miembros de la familia reconstituida es considerada normal. Incluso es usual que se presenten discusiones y puntos de desencuentro sobre algunos temas.

Los extraños causan miedo
Los niños, al igual que los adultos, deberán ajustarse a nuevas dinámicas de relación y además tratar de establecer un vínculo posiblemente permanente con un extraño.
Es posible que haya sentimientos relacionados con el miedo y el abandono y quizá los pequeños se sientan presas de un conflicto de lealtades. Esto sucede cuando el padrastro o la madrastra resultan “adecuados” y se genera tanta empatía como con sus padres biológicos.
En esta situación los niños podrían empezar a pensar en quererlos o mantener un vínculo estable con ellos, pero sienten de alguna forma que pueden estar traicionando la relación con sus padres biológicos.

Esa persona especial…
Por todas estas dudas y sentimientos encontrados, es fundamental el manejo que hagan los padres de esta situación. Lo mejor es evitar las sensaciones desagradables que genera la “división” del afecto y para ello es importante que el niño sienta que esa persona que esta con papá o con mamá nunca va a ocupar el lugar del que no está, pero si puede ser estimada como alguien muy especial.
Las consecuencias de esta situación pueden hacer la diferencia entre una relación crónicamente intolerable con el padrastro y/o la madrastra y el desarrollo de un vínculo sano con una persona que –a través de la relación con papá o mamá– puede quererse y respetarse. De esto depende la convivencia fraterna.

¿Resultará todo bien?
Los adultos quizá alberguen temor al preguntarse si resultará o no la convivencia con la nueva pareja y los hijos. Esta duda –muy lógica, por cierto– podría ser motivo de una gran preocupación que involucra la posibilidad o no de poder manejar las normas.
Por cierto estas normas deben estar claras de manera que pueda llegarse a acuerdos sobre el funcionamiento de la “nueva” familia y este es un tema que debe discutirse en pareja.
Es importante aclarar el alcance o no de la relación con los niños a través de la autoridad. Es frecuente que haya disparidad de criterios, lo que no es favorable para los niños.
Lo ideal sería que los padres biológicos y la madrastra o padrastro pudiesen tener un dialogo fluido con respecto a este tema o, en todo caso, trataran de evitar que sean los niños los que “lleven y traigan” información al respecto. Al igual que cualquier familia debe procurarse proveer un ambiente con la menor diversidad de criterios.

Las comparaciones son odiosas
Después de la ruptura de la familia original y ante la evidencia de la conformación de una nueva, los niños comienzan a extrañar su antigua vida y tienden a comparar a sus padrastros o madrastras con sus padres biológicos. Sueltan frases como “…pero mi papá me llevaba al colegio” o “mi mamá cocina mejor” y esto ocurre porque en sus mentes siempre prevalece la ilusión de unión entre sus padres biológicos.
Es muy posible que los padrastros o madrastras sientan algún tipo de rechazo inconsciente o manifiesto por niños que no son sus hijos biológicos y, aunque hagan esfuerzos por cuidarlos y protegerlos, siempre podría estar presente la idea de que no son sus hijos realmente.

Construyendo vínculos
La mejor manera de resolver estos conflictos es asumiendo que si bien no son hijos biológicos forman parte de sus vidas y por tanto la factibilidad o no de crear un vinculo sólido y estable con los niños, podría incidir sobre la relación con sus parejas.
Permitirse conocer a estos pequeños sin sentir que tienen o deben ocupar un lugar que ha quedado vacío a partir de un divorcio o una separación es la mejor manera de actuar, considerando que al principio un poco de fricción es normal pero que con el tiempo deben acoplarse las emociones, dando lugar a una nueva forma de relación con una figura de autoridad, pero también de amor, que puede llegar a convertirse en una fuente importante de afecto y comprensión.
No siempre las experiencias de madrastras o padrastros tienen que ser percibidas como una amenaza para el niño y un reto imposible de lograr para la convivencia familiar.
La diversidad en las formas de relación y el establecimiento de vínculos tempranos es una práctica común de las sociedades modernas y los niños son protagonistas en este proceso.
Los adultos debemos entonces formarnos emocionalmente para ayudarlos a superar lo que podría ser considerado un obstáculo.

(*) Alejandra V. León,
Psicólogo Clínico UCV, Especialización en Psicología Clínica.
Evaluación, diagnóstico y tratamiento de niños con problemas conductuales y relacionados con su desarrollo.
Centro de Atención Integral del Niño y la Familia.
Teléfonos (0212) 952 61 93 y (0412) 996 00 09.
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