Una respuesta para mamá 
 
 
(*)Dr. Eduardo Hernández González

Pregunta Silvia Isabel
Tengo un bebé de cuatro meses y medio al que desde hace un mes le dio por chupar sus dedos. El asunto es que no chupa el pulgar, como la generalidad de los bebés, sino que se mete a la boca los dedos índice y medio y los apoya en el paladar para chupar con gran fuerza.
Cuando lo veo hacer esto le saco los dedos y le pongo el chupón pero entonces tengo que aguantar sus berrinches pues llora con rabia y grita. No quiero que agarre ese hábito, ¿qué puedo hacer?

Respuesta
Todos los bebés nacen con el reflejo de succión y la mayoría de ellos llega a succionarse el pulgar u otros dedos en alguna etapa de su desarrollo. En el caso de tu bebé pienso que se ha creado un hábito y esto podría causarle deformidades en el paladar y en la erupción de los dientes.
Te recomiendo paciencia y utilizar manoplas (para taparle las manos, sobre todo en los momentos en que sabes que tiende a meterse los dedos a la boca) y emplear chupones o chupetes como sustitutos. Resultan más fáciles de dejar y casi siempre su uso es pasajero.

Pregunta Oscar
Mi esposa y yo pasamos mucho trabajo para tener la bebita de ocho meses que logramos después de muchos sacrificios y tratamientos médicos. Lo consulto porque mi esposa tiene a la niña demasiado mimada, hasta el punto que la carga prácticamente todo el día y cuando ya no puede más y la pone en el corral o la cuna, el llanto de mi hija se deja oír muy lejos y no para hasta que es cargada de nuevo (por ella).
Si de repente se queda tranquila un poco en su cuna o corral y mi esposa se retira de la habitación, vuelve a comenzar el llanto.
He hablado con mi esposa para decirle que me parece que este asunto no está funcionando bien pero ella dice que, para educar a la bebita, aún falta mucho tiempo: ¿Qué me aconseja doctor?

Respuesta
Debes entender a tu esposa. Luego de muchos sacrificios para tenerla está volcada hacia la bebita, colmándola de afectos y atenciones (lo cual es absolutamente normal y positivo). Sin embargo –como todo exceso– tiene sus consecuencias desagradables.
En este caso se ha formado un vínculo afectivo entre ellas (llamado apego) que no resulta operativo. Las hace dependientes una de la otra y no permite que la beba evolucione y se desarrolle como ser individual.
La educación de los hijos comienza desde el primer contacto con ellos, forma parte de la experiencia de ser padres y va unida al afecto.
Te recomiendo paciencia y comprensión y comunicarle a tu esposa estos argumentos, además de recordarle que la crianza es una tarea de dos. A veces con el consejo del pediatra (a quien las mamás tienen confianza y representa una voz autorizada) se soluciona una situación así.

(*)Dr. Eduardo Hernández González,
Pediatra y Psicoterapeuta de la Conducta Infantil.
Teléfonos (0212) 265.0323 - 263.4645.
e-mail:ehernández@iamnet.com



 

 

 

 

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