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Si bien las contracciones causan agudos dolores es de provecho para ti saber que estos dolores serán muchísimo menos intensos si te ayudas –y haces lo propio con el bebé que también estará tenso durante el proceso de alumbramiento– aplicando técnicas de respiración que te serán de gran utilidad para calmar los nervios y colaborar lo mejor posible para que los médicos puedan hacer bien su trabajo de ayudar a tu bebé a nacer.
Aunque lo más seguro es que, durante el desarrollo de la gestación, asistas a un curso psicoprofiláctico con tu pareja, no está demás que manejes información relativa a técnicas de respiración que te ayudarán a relajarte en el día en que tu bebé decida que va a nacer.
¡Comencemos!
En los cursos de preparación al parto aprenderás diversos ejercicios de respiración para las distintas fases del parto:
a) Alivia las intensas contracciones durante la fase de la dilatación del cuello uterino
* Toma aire por la nariz para que los pulmones se llenen, al tiempo que sientes que el abdomen se hincha poco a poco. Bótalo por la boca.
* Toma aire por la nariz y expúlsalo por la boca mientras contraes lentamente los músculos del abdomen.
b) Jadeo para controlar las ganas de pujar en las fases de dilatación y expulsión
* Toma aire por la nariz y expúlsalo por la boca de forma sucesiva en forma de jadeo o soplo.
* Esta técnica suele ser necesaria en los partos en los que no se utiliza anestesia peridural para no distender demasiado los músculos de la zona del periné. Cuando se administra esta anestesia generalmente no se sienten deseos de pujar.
c) Para los pujos en la fase de la expulsión
Realiza dos o tres inspiraciones profundas y cortas. Aguanta la respiración mientras contraes los músculos del abdomen. Luego relaja los músculos y expulsa el aire. Debes elevar la cabeza y los hombros, pegando la barbilla al tórax, mientras sujetas tus rodillas con las manos.
Un parto menos traumático
Respirar adecuadamente en el proceso de alumbramiento te asegura una correcta y completa oxigenación de tu organismo y el del bebé en los momentos de mayor esfuerzo. Además ayuda a afrontar el dolor que, durante el parto, se produce por causas físicas, químicas y psicológicas. Las contracciones provocan una gran distensión del útero para que el bebé pueda salir y esto, lógicamente, duele. Esas contracciones están estimuladas por la oxitocina, hormona responsable de desencadenar el parto.
El estado de ánimo materno tiene una enorme trascendencia en el desarrollo del parto. Si estás muy nerviosa, tus músculos se tensan y comprimen los vasos sanguíneos por lo que el feto recibe menos oxígeno. Si estás relajada y respiras lenta y rítmicamente, el aporte de oxígeno al feto es mayor, el trabajo de los músculos resulta más efectivo y el parto es más rápido.
Vas dilatando…
La respiración profunda o abdominal consiste en hinchar la “barriga” cogiendo aire por la nariz para ir “metiéndolo” a medida que lo sueltas por la boca. Debe hacerse siempre que sientas que vendrá una contracción ya que durante el tiempo que dure, la aportación de oxígeno al feto disminuye mucho el dolor.
Entre contracción y contracción debes descansar y respirar normalmente para no consumir exceso de energía.
Cuando las contracciones empiecen a ser verdaderamente dolorosas, lo mejor es respirar más consciente y profundamente, sin forzar demasiado. Para vaciar los pulmones, la expulsión del aire debe ser lenta, como si tuvieras una vela enfrente y quisieras mover la llama antes de apagarla.
En el momento en que los espasmos empiecen a ser muy fuertes coge aire por la nariz en un tiempo y suéltalo soplando en cuatro.
Cuando aparezcan las últimas contracciones de la dilatación –justo antes de la expulsión del feto– que suelen ser mucho más intensas que las primeras, coge aire en un tiempo y déjalo salir en otro.
¡Ya viene el bebé!
Aunque debes respetar las órdenes del médico quien, en últimas, será quien te diga cuándo tienes que pujar, hay una regla básica que no debes olvidar: toma aire con fuerza y retenlo en los pulmones mientras pujas. No debes hacer fuerza con el cuello sino con el abdomen, en un esfuerzo similar al que se lleva a cabo cuando se va al baño.
No estires el cuello hacia atrás al pujar: baja la barbilla hasta el esternón, curvando la espalda y haciendo fuerza con el abdomen.
Entre pujo y pujo conviene que respires profundamente. La respiración de jadeo –inspirar y soplar por la boca– resérvala sólo para cuando tengas ganas de pujar.
¡Te deseamos el parto más feliz del mundo! |