¡Tu bebito de punta en blanco a toda hora!
 
 
  
Son muchos los pliegues de piel que tiene el bebé y hay que cuidar también de sus uñas, ojos, orejas, genitales, cuero cabelludo… la lista es larga y por eso el cuidado de un pequeñín es tarea para rato. Tenemos para ti algunos consejos para que tu bebito o bebita siempre estén de punta en blanco.

Si eres madre primeriza lo más probable es que tengas terror de bañar a tu pequeño recién nacido, de voltearlo y hasta de cargarlo. No te angusties, pronto estarás manejando esas gratas tareas con tanta comodidad como la que experimenta un pez en el agua.
Pero hay más: no sólo el baño es importante, hay otros detalles de su higiene que no puedes descuidar:

1) ¿Qué tiene en su cabecita?
Es posible que en los primeros meses aparezca en la cabecita del bebé una afección leve del cuero cabelludo que parecen “escamas” sucias con aspecto ceroso. El mejor tratamiento para retirarlas es lavar su cabeza con agua y jabón. Puedes probar a untarla de aceite para niños y luego lavarla con un champú ligero, para luego cepillar las escamas que se desprenden.
No tengas miedo de tocar las fontanelas: éstas son flexibles pero, a la vez, muy resistentes. Puedes usar champú para bebés tres veces por semana.
Esta especie de escamas que se forman en el cuero cabelludo de los bebés pueden ser combatidas también aplicando en las noches –en las áreas afectadas– vaselina o aceite de almendras. En la mañana, lava su cabeza con champú. Las “escamas” se desprenderán fácilmente y, después de unos meses, como por arte de magia, desaparecerán.

2) ¡Esas lindas nalguitas!
La piel de las nalgas del bebé es muy delicada y frágil. Para evitar que se enrojezca o irrite por causa de la acidez de las deposiciones y la orina, lávalo muy bien con agua y jabón en cada muda de pañal.
Si aparece la irritación aplica una loción antiséptica sobre las nalgas –no sin antes haber consultado al pediatra– y sécalas con mucho esmero para evitar más problemas generados por la humedad. Luego úntale una crema hidratante protectora también recomendada por su médico. Si el enrojecimiento continúa, empeora y hay supuración, posiblemente se trata de una micosis provocada por un hongo. No te aventures a utilizar cualquier producto medicado ya que podrías agravar el problema. Su pediatra podrá recomendar una crema fungicida.
Si tu bebé es un varoncito, limpia sus nalgas con un algodón, gasa o toallita húmeda de agua hervida fría, dedicando especial atención a los pliegues que se forman en los muslos y alrededor de pene y testículos.
Si se trata de una niña, utilizando el mismo algodón, gasa o toallita, repasa los pliegues entre los labios vaginales, siempre con movimientos de adelante hacia atrás. No la limpies jamás de las nalgas hacia arriba, porque cualquier residuo de heces podría contaminarla. Seca bien la zona una vez terminada la rutina de aseo que debe repetirse a cada cambio de pañal. Sólo así le evitarás molestias.

3) Lima sus uñas
Uno de los trabajos más difíciles y que más causa temor a mucha madres, especialmente si se trata de un recién nacido, es arreglar las uñas del bebé y esto es porque son extremadamente delgadas y se adhieren a la punta de cada dedo. No resulta fácil verlas y, menos, cortarlas, más aún si usas tijeras o corta uñas pequeño para bebés.
Para facilitar el trabajo te recomendamos rebajar el largo de las uñas con una lima de lija suave o arrancarlas cuidadosamente cuando se rompen espontáneamente.
Pasado un tiempo, puedes comenzar a usar un corta uñas o tijera de puntas redondeadas dejando que la uña sobresalga un poco de la carne del extremo del dedo.
Arregla las uñas de tu pequeñín mientras duerme: desliza tu pulgar entre sus dedos y el bebé los enrollará alrededor, facilitando tu labor. Las uñas del bebito están más blandas inmediatamente después del baño.

4) Sus orejas demandan especial atención
Para limpiar sus orejas empapa en agua hervida un trozo de algodón, escúrrelo, forma con él un pequeño bastoncito y, después de colocar al bebé con la cabeza hacia un lado, inicia la limpieza pasando el algodón con cuidado por cada uno de los pliegues de su oreja.
¡Si ves cera adentro, no trates de retirarla porque podrías empujarla hacia adentro y generar la formación de un tapón!
Usa un bastoncito de algodón diferente para cada oreja.

5) Sus ojos
Lava tus manos muy bien antes de proceder a limpiar sus ojos. Toma una gasa esterilizada, mojada en agua hervida y fría y recorre el entorno de sus ojos, desde el lagrimal hacia fuera.
Usa una gasa distinta para cada ojo. Si notas alguna segregación “extraña” o sus párpados están pegados, consulta de inmediato a su pediatra.

6) Rostro de durazno
Para asear la cara del bebé debes tener a mano agua hervida fría y un algodón que empaparás, escurrirás y pasarás luego por la piel de su rostro, sin presionar. Dedica tiempo a los lados de la nariz, detrás de sus orejas y los pliegues del cuello, donde suele irritarse la piel y hasta pueden generarse hongos si no los limpias con frecuencia.

7) Ropa cómoda
A causa del calor pueden aparecer sarpullidos en la piel del bebé, especialmente si ha tomado sol. Si permanece con exceso de ropa, puede desarrollar sarpullidos en el pecho, espalda, cuello o antebrazos. Vístelo con prendas holgadas de algodón –más aún si viven en clima cálido– y báñalo diariamente: las erupciones desaparecerán.

8) Eczemas
A veces aparece en la piel del bebé el sarpullido rojizo del eczema, junto con muchas pepitas blancas que le producen una sensación desagradable. Este problema se origina cuando su piel entra en contacto con alguna sustancia irritante –que puede ir desde su propia saliva hasta un nuevo detergente– y aparece más que todo en el rostro, pero puede observarse también en la parte trasera de las piernas y en los hombros o codos.
Si ves que no puedes controlar el problema –y es mejor que lo descubras a tiempo– lo mejor es hacer una visita al pediatra para que prescriba alguna crema correctora. En caso de que descubras susceptibilidad al eczema, limita los baños del bebé a un par de veces por semana y utiliza agua aplicada con pañitos para impedir que se reseque su piel.

9) Nariz tapada
En la nariz de tu recién nacido –especialmente rodeando la entrada de las fosas nasales– podrían formarse pequeñas costras que dificultan su respiración. Debes estar muy pendiente de removerlas ya que él no sabe respirar por la boca y sólo dispondrá de su nariz para este fin, cuando esté tomando pecho o tetero.
De todas formas, la nariz dispone de un sistema propio “autolimpiante” en el que participan activamente pequeños vellos que tapizan cada fosa nasal por dentro. Mediante estornudos el bebé elimina de su nariz partículas de polvo y mucosidades blandas que suelen acumularse.
Aun así no abandones la rutina diaria de limpieza de la nariz del bebé: con algodón mojado en agua hervida fría, forma un bastoncito similar al que usas para limpiar las orejas y procede a asear la entrada de los orificios nasales, sin invadir el espacio hacia adentro. Este procedimiento ayudará a ablandar las costras que se hayan formado y ahora el bebé podrá expulsarlas más fácilmente.

10) ¿Acné?
Al pequeñín podrían aparecerle unos cuantos brotes de pepitas en la cara durante su primer mes de vida fuera de tu vientre. Estas pequeñas protuberancias blancas, conocidas como milia, son causadas por sus glándulas aceitosas poco desarrolladas. Un par de lavadas con agua (sin aplicar jabón o restregar) serán suficientes para que desaparezcan.
El acné en los bebés es muy común, aunque no lo creas y la culpa de que aparezca la tienen tus hormonas. Residuos de materia hormonal materna circulando por el organismo del recién nacido pueden causar espinillas u otras rarezas infantiles, como la inflamación de tetillas tanto en niños como en niñas. Generalmente estas particularidades del recién nacido, serán cosa del pasado una vez transcurridos dos o tres meses.

11) Manchas de fresa
Existe un tipo de manchas de piel que no son frecuentes en los bebés. Son las conocidas “manchas de fresa” y surgen como una pequeña protuberancia en la piel que no se torna roja sino hasta que el pequeño cumple su primer mes. Aunque pueden ponerse más grandes, en la mayoría de los casos desaparecen antes de los 10 años de edad.

 


 

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